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Zocos: el laberinto de la Medina y el arte del regateo
Si algo podemos decir de la ciudad de Marrakech es que es el paraíso mundial de las compras y de los mercadillos al aire libre. Una experiencia para todos los sentidos en el que se agolpan multitud de aromas, de ruido, de encanto y, sobre todo, de personalidad.
Para empezar con nuestra visita por los zocos de Marrakech deberíamos situarnos en la plaza Djema el Fna, posiblemente la plaza más grande y el corazón de toda la ciudad. Aquí, durante el día, cientos de puestecitos se agrupan en hileras para acoger a los turistas y a los ciudadanos que vienen a poner en riesgo su cartera. Alrededor de ellos se distribuyen diversas cafeterías y terrazas donde lo más típico es, como podréis ver cuando vayáis, tomar un zumo o un té. Eso sí, si elegimos este lugar para tomarnos un descanso también deberemos de tener en cuenta que, debido al turisteo de la plaza, los precios serán de los más elevados que encontraremos en Marrakech, al igual que nos puede ocurrir en las tiendas que aquí se sitúan.
Si algo podemos decir de la ciudad de Marrakech es que es el paraíso mundial de las compras y de los mercadillos al aire libre. Una experiencia para todos los sentidos en el que se agolpan multitud de aromas, de ruido, de encanto y, sobre todo, de personalidad.
Para empezar con nuestra visita por los zocos de Marrakech deberíamos situarnos en la plaza Djemaa el Fna, posiblemente la plaza más grande y el corazón de toda la ciudad. Aquí, durante el día, cientos de puestecitos se agrupan en hileras para acoger a los turistas y a los ciudadanos que vienen a poner en riesgo su cartera. Alrededor de ellos se distribuyen diversas cafeterías y terrazas donde lo más típico es, como podréis ver cuando vayáis, tomar un zumo o un té. Eso sí, si elegimos este lugar para tomarnos un descanso también deberemos de tener en cuenta que, debido al turisteo de la plaza, los precios serán de los más elevados que encontraremos en el resto de Marrakech, al igual que nos puede ocurrir en las tiendas que aquí se sitúan.
Por otro lado, es fundamental practicar el regateo, el cual cada vez nos funcionará más a medida que nos vayamos acostumbrando a utilizarlo. Y es que los comerciantes no son nada tontos y a nosotros la pinta de españoles nos la ven a kilómetros, aunque también saben distinguir perfectamente a un alemán y a un norteamericano. Esto lo digo porque, normalmente, a los españoles se nos tiene más aprecio y el arte del regateo (es todo un arte, como comprobaréis) nos da más juego. A los pobres norteamericanos y a los alemanes, como siempre, suelen pedirle por los objetos precios más caros.
¡Eso sí! Suelen aconsejar por ahí no dar más del tercio de dinero por lo que en un principio nos venden cualquier objeto, aunque esto es como todo… Yo me traje de allí una riñonera de cuero bastante bonita que creo que no merecía realmente el precio por la que me la vendieron…
Zocos: el laberinto de la Medina y el arte del regateo,
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